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Banca para el Desarrollo: amplias expectativas y realidades

ACTUALIZADO EL 28 DE DICIEMBRE DE 2016 A LAS 12:00 AM

SBD muestra mejorías notables; su reto es satisfacer expectativas extraordinarias

El fenómeno del malestar ciudadano en Costa Rica tiene un origen relacionado con el forcejeo de rumbo y los ganadores y perdedores que deja de camino. Se ha expresado políticamente al igual que en muchos lugares del mundo, en una ola que tuvo recientemente la expresión furiosa y más estrambótica en la elección de Donald Trump. En las últimas tres décadas, Costa Rica reorientó su esfuerzo económico mediante políticas públicas, creación de instituciones modernas bien financiadas, atracción de inversiones extranjeras directas, exoneraciones, apertura de mercado, fortalecimiento del sector financiero y cuantiosos recursos, entre otros muchos incentivos. Los sectores tradicionales, agricultura para el mercado interno, industria tradicional, agroexportación tradicional y servicios de apoyo (gobierno, comercio y otros servicios), no tuvieron esos incentivos y, por el contrario, sus políticas públicas e instituciones no fueron modernizadas por muchos años, sino que fueron abandonadas, sin direccionamiento, menos aún modernización. Muchas de ellas fueron reducidas en su dotación de recursos. La apuesta fue a una modernización de un sector (la nueva economía), lo que tuvo logros en cuanto a incrementar rápidamente y diversificar las exportaciones. El problema fue que se escogieron “ganadores” (muy modernos, con pocos encadenamientos y que generaron poca ocupación) y no se complementaron con la misma intensidad al desarrollar políticas hacia los otros sectores que son los que generan ocupaciones a más de tres cuartas partes de la población económicamente activa, aun hoy. El costo es desempleo, desigualdad, exclusión.

No basta, entonces, la apertura y la inversión extranjera sin orientación ni encadenamientos sociales, productivos y fiscales. No se puede lograr desarrollo desde lo que la inversión extranjera directa (IED) quiere, también hay que considerar lo que el potencial productivo local necesita y puede. El desarrollo está en la ampliación y uso de las capacidades del conjunto. SBD como política de corrección. Pues bien, la ley de creación original del Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) intentaba ofrecer una respuesta financiera y no financiera para sectores importantes de esos “perdedores”; en ese sentido, se proponía corregir un tanto el desequilibrio de las políticas públicas. La mala noticia es que la Ley 8634 del 2008 tenía muy serias deficiencias y el primer intento de organizar el SBD resultó fallido, según se evaluó en el 2011. La buena noticia es que se logró una reforma a esa ley que eliminó los obstáculos centrales a la operación, aclaró mandatos y colocó las bases para montar una administración moderna y más técnica, como documenta la evaluación (2016) del SBD, recién concluida.

El proceso de evaluación del SBD 2016 se lleva a cabo en un nuevo contexto, muy diferente de la situación enfrentada durante la primera evaluación, marcado por la reforma a la Ley 8634 del SBD mediante la aprobación de la Ley 9274, que se publicó el 27 de noviembre del 2014 y se reglamentó el 9 de marzo del 2015. Cambio positivo. ¿Logra el SBD responder ahora de mejor manera el test para dar credibilidad a las políticas de rectificación del estilo de desarrollo? La Comisión Evaluadora en el 2016 encuentra que el cambio de la Ley 9274 fue positivo, tomando en cuenta que en el 2011 era un sistema inoperante y fallido, apenas recuperándose. La Comisión constata que estos problemas de diseño fueron despejados por la nueva ley, su reglamentación y por los avances en su implementación. Esta evaluación documenta cambios favorables, aunque con resultados con distinto nivel de despliegue, en los ámbitos de la gobernanza del sistema, la operatividad y ejercicio de la rectoría del Consejo Rector, así como la puesta a punto de una Secretaría Técnica con visión estratégica y destreza de gestión, la movilización de recursos largamente esperada y el traslado parcial de los recursos del peaje a los bancos privados (sin que pueda constatar que su traslado signifique una ampliación a nuevos beneficiarios), la acreditación de más operadores y el mejoramiento de las condiciones prudenciales diferenciadas, la puesta a punto, al menos como norma, de las condiciones para las relaciones con los colaboradores como IMAS, INA, etc. Actualmente, se reconoce mayor número y montos de crédito, mayor cantidad de operadores y sectores atendidos y menores tasas de morosidad. Amplias expectativas. Asimismo, la Comisión indagó sobre las percepciones de la opinión pública nacional por medio de preguntas sobre el SBD en una encuesta nacional y el seguimiento detallado de los medios de comunicación; así constató la amplia expectativa del sistema político y de la población en general sobre el SBD. La encuesta hecha para esta evaluación indica que el 39% de la población conoce el SBD y un 7% ha hecho uso de este. Las valoraciones son mayoritariamente positivas. Aunque la evaluación de impacto de los distintos fondos del SBD es parte de los mandatos, no es posible realizarla aún, pero la Comisión deja constancia del conocimiento que tuvo de los avances en cuanto al desarrollo de la metodología por parte del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (UCR), e incorpora algunas consideraciones de estos avances.

Baste mencionar que la estimación global que da este estudio es que el SBD presenta una cobertura efectiva del 4,7% si se toma en cuenta que los beneficiarios potenciales se estiman en 460.368 emprendedores. La Comisión también señala un conjunto de limitaciones y riesgos, algunos latentes y otros apenas enfrentados, entre ellos los incumplimientos de la Ley por parte de colaboradores como el INA y las dificultades para el giro oportuno de la recaudación del impuesto a la banca de maletín correspondiente al SBD por parte del Ministerio de Hacienda. Las principales limitaciones se refieren al crecimiento ulterior de recursos y la dificultad de alcanzar a colmar las expectativas y necesidades de las poblaciones objetivo, señaladas por la ley, con los recursos asignados al SBD. Como expresan las cifras de llegada con cobertura a emprendimientos (4,7%), solo mediante la movilización de los recursos propios y de una sólida política de alianzas con otros operadores será posible lograr la incidencia necesaria para alcanzar metas nacionalmente relevantes en materia de servicio financiero y no financiero a las poblaciones objetivo y desarrollar una política pública significativa con resultados incluyentes de importancia e impacto. Riesgos. El mayor riesgo es político y proviene de que el SBD se ha convertido en blanco de muchas propuestas que requieren recursos financieros, lo que implica la desviación de recursos del SBD para la creación de otros fondos, lo que no tiene lógica en la política pública, pues el SBD no ha tenido tiempo suficiente para cumplir sus objetivos de política. En particular, con mucha preocupación, la Comisión Evaluadora ve planteamientos políticos de usar los recursos financieros del SBD como auxilio para los problemas y desaciertos en la gestión de entidades, fondos, carteras de crédito, entre otros. Claramente, hay avances en el SBD, aun así las esperanzas de muchos de encontrar respuestas financieras y no financieras imponen nuevos y más exigentes retos sobre el impacto que debe mostrar el SBD.

Fuente: http://www.nacion.com/opinion/foros/Banca-Desarrollo-amplias-expectativas-realidades_0_1606239372.html